Con la llegada de la primavera aumentan las horas de exposición solar y, con ellas, el riesgo de aparición de manchas pigmentarias, un problema frecuente que puede prevenirse con hábitos adecuados y tratarse eficazmente mediante tecnologías estéticas como la luz pulsada intensa.
El incremento de la radiación solar durante esta época del año favorece la aparición de discromías cutáneas como melasmas, léntigos o alteraciones pigmentarias asociadas a la exposición a los rayos ultravioletas. Aunque muchas personas comienzan a notar estas manchas en verano, la prevención debe empezar antes, especialmente en primavera.
Según explica Pilar Gaudí, facialista, cosmetóloga y directora de los centros Nina Merli en Granada, las zonas más expuestas como el rostro, el escote o las manos suelen ser las más afectadas. “Las manos, el escote o la cara suelen ser las áreas donde más se desarrollan estas manchas, y aunque existen cosméticos que pueden corregir estos defectos de pigmentación, lo más recomendable es acudir a un centro de estética para tratar el problema con tecnología específica”, señala.
Tratamientos despigmentantes con luz pulsada
Uno de los procedimientos más utilizados en estética profesional para tratar las manchas solares es la luz pulsada intensa, conocida como ‘IPL’. Este tratamiento resulta eficaz en casos de manchas solares, pecas o léntigos seniles, alteraciones pigmentarias benignas que aparecen como consecuencia de la exposición continuada a la radiación ultravioleta.
El tratamiento consiste en aplicar pulsos de energía con una longitud de onda específica sobre la zona pigmentada. La mancha, que contiene mayor concentración de melanina, absorbe esa energía y permite reducir progresivamente la pigmentación.
Este procedimiento puede aplicarse en diferentes zonas del cuerpo:
Rostro: una de las áreas más tratadas debido a la exposición constante al sol.
Cuello y escote: zonas especialmente sensibles donde las manchas suelen aparecer con frecuencia.
Manos y hombros: áreas que también acumulan daño solar con el paso del tiempo.
Según la especialista, normalmente se requieren entre tres y cuatro sesiones, espaciadas varias semanas, dependiendo del tipo de mancha, su profundidad y las características de la piel. En muchos casos, la mejora comienza a apreciarse desde la primera sesión, cuando la mancha empieza a perder intensidad y definición.
Cómo se realiza una sesión antimanchas
Antes de iniciar el tratamiento, el profesional realiza un diagnóstico de la piel para determinar el tipo de discromía y preparar la zona a tratar.
El procedimiento comienza con la limpieza de la piel y la aplicación de un gel conductor frío sobre la zona pigmentada. A continuación, se realizan los disparos de luz pulsada, que el paciente suele percibir como pequeños impulsos o ligeros latigazos sobre la piel.
Durante la sesión, los pulsos se aplican de forma progresiva para observar la reacción cutánea y ajustar los parámetros del equipo. Una vez finalizado el tratamiento, se aplica un extra de hidratación y productos calmantes como el aloe vera para favorecer la recuperación de la piel.
En los días posteriores, la mancha suele oscurecerse temporalmente mientras la melanina asciende hacia la superficie cutánea. Posteriormente, el proceso natural de descamación de la piel permite que la pigmentación vaya desapareciendo, dejando una piel más uniforme y luminosa.
Pilar Gaudí, facialista, cosmetóloga y directora de los centros Nina Merli en Granada.
Recomendaciones antes del tratamiento
Desde los centros Nina Merli recuerdan que la prevención y el cuidado previo son fundamentales para garantizar la eficacia del tratamiento.
Evitar la exposición solar: no se recomienda exponerse al sol ni a rayos UVA durante las dos semanas previas al tratamiento.
Evitar meses de alta radiación: por este motivo, estos procedimientos no suelen realizarse entre junio y septiembre.
Preparar la piel correctamente: si se va a realizar depilación o dermoabrasión en la zona, es preferible hacerlo unos días antes del tratamiento.
Una vez eliminada la mancha, la piel queda más clara y sensible, por lo que resulta imprescindible aplicar protección solar alta para evitar nuevas hiperpigmentaciones.
Para el profesional de la estética, comprender el origen de las manchas y aplicar protocolos personalizados permite no solo corregirlas, sino también prevenir su aparición, especialmente en los meses previos al verano, cuando la radiación solar comienza a intensificarse.