El proyecto nace de la visión de Elisabet Quintana, apasionada por la dermocosmética y por el bienestar global de la persona. Desde su experiencia como farmacéutica, entiende el cuidado cutáneo como una dimensión que va más allá de la estética, vinculada también a la salud, el equilibrio emocional y la calidad de vida.
Con esta perspectiva, Pyramide se plantea como una marca que busca cuidar la piel al mismo tiempo que contribuye al bienestar integral de la persona.
“Siempre me ha apasionado el mundo de la dermocosmética y la belleza, pero también el bienestar emocional e integral de la persona. Desde mi visión como farmacéutica, entiendo el cuidado de la piel como algo que va mucho más allá de la estética: es una parte importante de la salud, el equilibrio y el bienestar global de cada persona”.
Bajo esta filosofía, Pyramide propone una cosmética que busca mejorar la calidad y la salud de la piel, pero también convertir el cuidado diario en un momento de conexión personal.
Entre los activos destacados se encuentran los hexapéptidos o las ceramidas, ingredientes que ayudan a reforzar la función barrera de la piel y mejorar su calidad.
A estos componentes se suman aceites esenciales que actúan a través del sistema límbico, la zona del cerebro vinculada a las emociones. De este modo, la aplicación de los productos no solo busca mejorar el estado de la piel, sino también generar sensaciones de calma, equilibrio y bienestar.
El objetivo de Pyramide es que cada producto se convierta en una experiencia que combine eficacia cosmética y bienestar emocional.
Desde esta perspectiva, la marca se sitúa en una corriente creciente dentro del sector dermocosmético que integra ciencia, naturaleza y cuidado integral de la persona.
Así, Pyramide nace de la unión entre investigación científica, activos de origen natural y una visión holística del bienestar, proponiendo un enfoque en el que el cuidado de la piel se entiende como parte de un equilibrio más amplio entre cuerpo, mente y emociones.